Emilia

Día 27,
no recuerdo cuantos días llevo aquí,
ya no logro diferenciar,
hay pequeñas inscripciones en el muro negro del fondo
me confirman que son veintisiete.

Pero,
sé que son más,
han sido varios días en los que he procurado
trazar aquellas líneas,
no pude hacerlo,
la fuerza de mis manos fallece
en un intento desesperado.

Frustración,
rabia,
es lo único que logro conseguir,
al no poder trazar una línea
en aquel muro negro del fondo.

Aquel muro,
que me mira y se burla de mi,
se burla y siento su risa
muy profundo y dentro de mi ser.

La luna,
la luna,
o al menos creo que se llama así
la pequeña línea blanca en el inmenso cielo,
inmensidad nocturna.

Noche,
la luna,
veo sonrisas dibujadas en el cielo,
se burlan de este idiota.

Como si de alguien que esté fuera se tratase,
como si alguien que se burlase de mi,
como si alguien que hace complot con
aquel muro negro del fondo .

Pero,
la luna,
es mi fiel compañera,
lo sé,
lo siento.

Cuando ella se va,
cuando ya no logro verla,
es cuando empieza la peor pesadilla de todas.

Llanto,
frustración,
solo consigo sentirme frustrado,
por aquellas cosas que no pude hacer.

Y en mi mente,
mi madre,
mi padre,
ella.

Ella,
con aquellos ojos cafés,
aquellos ojos que me quitaban el sueño,
aquellos ojos que me alumbraban las noches
aquellos ojos que resucitaban mis mañanas.

Con aquellos ojos cafés,
que adoraba tanto ver.
Aquellos ojos cafés,
quizás por culpa de ellos
estoy aquí.

Aún recuerdo la última vez que los vi,
ella,
ella irrumpió en el umbral de mi casa,
se acercó a mi,
y despacio al oído,
susurró:
escapemos.

Ojos cafés,
desesperados ojos cafés,
fue lo que vi.

La miré sin saber lo que decía,
la miré sin poder decir nada,
sólo me acerqué a ella
tomé su delicado cuerpo,
lo empalmé junto al mío.

Acerqué su pequeño oído,
susurré
todo estará bien,
ella solo se apartó,
como si de la muerte se tratase.

Sujeté su mano,
rechazo,
fue lo único que conseguí.

Ojos cafés,
desesperados ojos cafés,
fue lo que conseguí.

Se alejó sin saber a dónde ir.

Voces,
¡Escucho voces!,
Las voces significan que la luna se acerca,
pero...

No,
no,
no estoy listo,
no estoy preparado.

¡Tengo que huir!,
¡Tengo que huir!

No tengo fuerzas,
escasez de alimento,
no puedo.

Aquella herida en la pierna izquierda,
a tres centímetros de la rodilla,
se hace insoportable,
crece con el paso de los días.

No puedo pararme,
sigo echado cual borracho
a las cinco de la tarde en plena plaza mayor.

Solo puedo ver sus hermosos ojos,
hermosos ojos cafés,
es lo único en mi mente.

Esperen,
ruido.

Esperen,
ruido.

Las voces se alejan,
¿Qué es lo que ocurre?,
¿Qué es lo que pasa?

Silencio,
y de pronto,
una explosión.

Dolor,
punzadas en mi cuerpo,
humo,
y después,
negro.

No sé donde me encuentro,
cielo o infierno,
no importa el lugar,
solo logro ver tus ojos.

Ojos cafés,
hermosos ojos cafés,
es lo que consigo ver.

Aquellos ojos cafés,
que alumbran mis noches,
mis pequeños faroles,
aquellos ojos cafés,
son tus ojos Emilia,
son los tuyos.








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